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El Café literario Sender desnuda a Patrick Modiano

16 Dic

Pourtant je nai pas rêvé.

Y, sin embargo…

¿Qué ocurrió para que este Modiano, tal vez el más poético junto al de Dans le café de la jeunesse perdue (En el café de la juventud perdida), no acabase de calar, para que L`herbe des nuits (La hierba de las noches), con esa misteriosa Dannie, otra de las espléndidas mujeres de Modiano, no lograra seducir?

¿Será el genio del idioma? Pese a la extraordinaria traducción de María Teresa Gallego, es claro que no es lo mismo leer Pues no lo soñé que leer Pourtant je n’ai pas rêvé, que el francés es más capaz de crear esa atmósfera turbia e imprecisa tan característicamente modianesca.

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Dejaremos para más adelante las oportunidades del exquisito Nobel de literatura de 2014, y entraremos ahora en la literatura del duelo. ¿Cómo afrontar unos textos tan escarpados? No es el caso de su extensión, por lo general obras breves, sino de su intensidad casi insoportable. Hijos que han perdido a sus padres, mujeres que se han quedado sin sus hombres, hombres en la ausencia de sus mujeres, amigos huérfanos de sus amigos y, sobre todo, la máxima violencia contra el orden natural de las cosas, padres que han perdido a sus hijos. Y, sin embargo, frente a la pena inconsolable, frente a la muerte inaceptable, queremos creer que en la literatura, en lo que tiene de distancia y de representación, perdura un poder redentor.

De una larga lista, citemos los siguientes libros: Niveles de vida, de Julian Barnes, El año del pensamiento mágico y Noches azules, de Joan Didion, Una pena en observación, de C. S. Lewis, La hora violeta, de Sergio del Molino, Tiempo de vida, de Marcos Giralt Torrente, La invención de la soledad, de Paul Auster, Mi madre, de Richard Ford, Patrimonio, de Philip Roth, Rondó para Beverly, de John Berger, Mortal y rosa, de Francisco Umbral, Un mar de muerte, de David Rieff, Amarillo, de Félix Romeo, Di su nombre, de Francisco Goldman, La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero, El libro de mi madre, de Albert Cohen, Ahora, de Brigitte Giraud, Desgracia impeorable, de Peter Handke, y Una muerte en la familia, de James Agee.

De entre ellos, hemos elegido, para el próximo Café literario, Mi madre, de Richard Ford, Una pena en observación, de C. S. Lewis, y Patrimonio, de Philip Roth. La madre, la esposa y el padre: he aquí el inventario de pérdidas.

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