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“El lector” de Bernhard Schlink

25 Nov

Club de lectura Sender

El cine potencia los libros. Gracias a la adaptación de El lector por parte de Stephen Daldry (que también adaptó de forma magistral Las horas), que fue nominada a cinco premios de la Academia y Kate Winslet terminó ganando el Oscar a la mejor actriz, además del Globo de Oro por su interpretación de Hanna Schmitz, casi todas las participantes del club de lectura conocían la obra de Schlink.

el-lectorEl lector (en alemán Der Vorleser, literalmente “el que lee en voz alta”) es una novela escrita por el profesor y juez alemán Bernhard Schlink, que empezó a escribir con cuarenta años y es autor de cuatro novelas policíacas y de algunos relatos. Traducida a 51 idiomas, fue la primera novela alemana en llegar al primer lugar de la lista de los más vendidos del New York Times. En Alemania vendió más de 500.000 ejemplares y en EE.UU. más de 750.000.

La historia está narrada en primera persona por el personaje principal (Michael Berg) y se divide en tres partes. Con un lenguaje sencillo y directo, la acción se sitúa en Alemania en diferentes etapas del siglo XX, e invita al lector a reflexionar sobre la culpa, el perdón, la justicia y las consecuencias de determinados actos, además de ahondar sobre el conflicto generacional que vivió Alemania tras la Segunda Guerra Mundial: los que colaboraron con los nazis, los que tan solo lo contemplaron y los que, sencillamente, hicieron oídos sordos.

En la primera parte (año 1958) Michael, un joven de quince años, enferma de fiebre amarilla. El tono y el lenguaje de la narración tiene aires románticos. En la segunda parte, Michael se debe enfrentar a sus propios sentimientos hacia Hanna Schmitz; sentimientos y recuerdos que se contradicen con lo que está viviendo. Y en la tercera parte, observamos cómo sus sentimientos han evolucionado y cómo a Michael le persiguen los remordimientos. Y toda historia bañada por la lectura, el erotismo y la culpa.

Una gran novela que gustó a todas las participantes.

“Cuando se paran por avería los motores de un avión, eso no significa que se acabe el vuelo. Los aviones no caen del cielo como piedras. Los enormes aviones de pasajeros de cuatro motores pueden seguir planeando entre hora y media y tres cuartos hasta estrellarse al intentar aterrizar. Los pasajeros no se dan cuenta de nada. Volar con los motores parados produce la misma sensación que hacerlo con los motores en marcha. Hay menos ruido, pero no mucho menos: el aire que cortan el fuselaje y las alas hace más ruido que los motores. Llega un momento en que al mirar por la ventanilla se ve la tierra o el mar amenazadoramente cerca. Eso si las azafatas o los auxiliares no cierran las persianas de las ventanillas y ponen vídeo. Quizás los pasajeros incluso se sientan mejor, al haber menos ruido…”. El lector, de Bernhard Schlink (1995).

Oscar Sipán

 

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Publicado por en 25 noviembre, 2016 en Club de Lectura Sender

 

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