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El aroma a café vuelve a la biblioteca

03 Nov

Arrancó el Café literario de este curso el día 11 de octubre pasado. No estoy seguro de que exista un perfil de lector, signifique perfil lo que signifique, pero lo cierto es que, con solo tres excepciones, incluido yo mismo, todo son lectoras.

Café literario Sender

Café literario Sender

Ese es el hecho. Pero ahora viene la segunda parte de la historia. A la pregunta de qué obra (novela, u otro género, qué más da) o qué escritor nos había cambiado la vida o recordábamos como una experiencia esencial, relato que sirvió también como presentación, hubo quién que trajo el recuerdo imborrable de la remota lectura de Miguel Strogoff, de Julio Verne, y de Chéjov, que le había decidido a escribir cuentos, quién que se había sentido profundamente concernida por Stefan Zweig (en particular, por ese extraordinario retrato de una época desaparecida que es El mundo de ayer) y por Juan Goytisolo, quién que citó a Hermann Hesse, o a Saramago, a Hannah Arendt, a Miguel Delibes, a Baroja, a Primo Levi (¡ese descenso a los infiernos!), a Proust, a Lorca, a Orwell, a Dorothy Parker, quién que anda leyendo La Ilíada,… ¿Hace falta decir más?

Grandísima exigencia de lectura, pues, que nos aleja de la tentación de la literatura como espectáculo, utilizado “como respiradero para aliviar las tensiones que produce una acrecentada alienación cotidiana”, y que nos permite huir de “lo cómodo, lo reconocible, lo que resulta confortable y reconfortante”, y buscar, en su lugar, “lo inquietante y transformador” (los entrecomillados son citas de Marta Sanz). Tal vez podríamos suscribir lo que, en 1904, con la lucidez que siempre mostró, escribió Kafka en una carta a su amigo Oskar Pollak, y que tanto me gusta recordar:

“Pienso que sólo debemos leer libros de los que muerden y pinchan. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como un puñetazo en la cara, ¿para qué molestarnos en leerlo? ¿Para que nos haga felices, como dice tu carta? Cielo santo, ¡seríamos igualmente felices si no tuviéramos ningún libro! Los libros que nos hagan felices podríamos escribirlos nosotros mismos, si no nos quedara otro remedio. Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos, libros que nos hagan sentirnos desterrados a los bosques más remotos, lejos de toda presencia humana, algo semejante al suicidio. Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo.”

Pluma y papel

O lo que, en un eslabón más de la gran cadena de la literatura, aconsejaba Rafael Chirbes como regla para escribir:

“Si un libro no te ayuda a entender cuanto te rodea y a nadar en la penosa charca del mundo, para qué vas a escribirlo. Tampoco escribas un libro que no te cambie, que no te ayude a mirar las cosas desde otro lugar. ¿Para qué vas a perder el tiempo escribiendo si ya sabes la conclusión de lo que acabas de iniciar? El camino hacia la literatura es la incertidumbre.”

He ahí el pasado, y el presente. Para ahora y en adelante, las primeras propuestas de lectura: un Carrère, El adversario, que narra una historia truculenta, pero verdadera, la del falso doctor Romand, una vida inventada que nos permitirá explorar las relaciones entre ficción y verdad; un Modiano, La hierba de las noches, indagación («Pourtant je n’ai pas rêvé.») inequívocamente modianesca a través de las brechas del tiempo por un París interior; una espléndida novela de Simenon, El gato, motivo para reivindicarlo como el gran escritor que fue, más allá de su etiqueta como autor de novelas de Maigret, y tan cercano a Modiano, también como testigo de ese París nocturno y espectral; y un lúcido y temprano Chirbes, La buena letra. Añadiremos, por fin, el perspicaz y admirable conjunto de ensayos sobre la lectura que reunió Ricardo Piglia en El último lector.

Ambrosio Lacosta

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1 comentario

Publicado por en 3 noviembre, 2016 en Café literario Sender, Recomendaciones

 

Una respuesta a “El aroma a café vuelve a la biblioteca

  1. LAURA

    4 noviembre, 2016 at 09:56

    Fue un placer estar en la tertulia. Nos vemos el próximo martes 8.

     

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