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Quevedo vs Góngora

08 Mar

Góngora y Quevedo

Hoy en día podemos ver, oír y leer con bastante frecuencia un informativo, artículo, reportaje o programa que se presenta cargado de polémicas, descalificaciones e insultos acompañados de un lenguaje burdo y mensajes “simplones”, buscando la aprobación del público o el aplauso fácil.

 

Aprovechando que desde las Bibliotecas Municipales de Huesca dedicamos el mes de marzo a la poesía, queremos rescatar una de las polémicas más conocidas en nuestra historia de la literatura, cargada de ingenio, sátira y agudeza, protagonizada por dos plumas privilegiadas. Nos estamos refiriendo a Francisco de Quevedo y Luis de Góngora. Aquí os dejamos algunos de los versos que se dedicaron el uno al otro.

LUIS DE GÓNGORA A FRANCISCO DE QUEVEDO

Anacreonte español, no hay quien os tope,
que no diga con mucha cortesía,
que ya que vuestros pies son de elegía,
que vuestras suavidades son de arrope.
¿No imitaréis al terenciano Lope,
que al de Belerofonte cada día
sobre zuecos de cómica poesía
se calza espuelas y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros anteojos
dicen que quieren traducir al griego,
no habiéndolos mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
porque a luz saque ciertos versos flojos,
y entenderéis cualquier gregüesco luego.

Góngora

CONTRA DON LUIS DE GÓNGORA Y SU POESÍA

Este cíclope, no siciliano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisferio
zona divide en término italiano;
este círculo vivo en todo plano;
este que, siendo solamente cero,
le multiplica y parte por entero
todo buen abaquista veneciano;

el minoculo sí, mas ciego vulto;
el resquicio barbado de melenas;
esta cima del vicio y del insulto;

éste, en quien hoy los pedos son sirenas,
éste es el culo, en Góngora y en culto,
que un bujarrón le conociera apenas.

Quevedo

A DON FRANCISCO DE QUEVEDO

Cierto poeta, en forma peregrina
cuanto devota, se metió a romero,
con quien pudiera bien todo barbero
lavar la más llagada disciplina.

 Era su benditísima esclavina,
en cuanto suya, de un hermoso cuero,
su báculo timón del más zorrero
bajel, que desde el Faro de Cecina

a Brindis, sin hacer agua, navega.
Este sin landre claudicante Roque,
de una venera justamente vano,

que en oro engasta, santa insignia, aloque,
a San Trago camina, donde llega:
que tanto anda el cojo como el sano.

Góngora

A UNA NARIZ

Érase un hombre a una nariz pegado,
erase una nariz superlativa,
erase una nariz sayón y escriba,  
érase un peje espada muy barbado.

Era un reloj de sol mal encarado, 
érase una alquitara pensativa,  
érase un elefante boca arriba,  
era Ovidio Nasón más narizado.
 
Érase un espolón de una galera,  
erase una pirámide de Egipto,   
las doce tribus de narices era.  

Érase un naricísimo infinito,  
muchísimo nariz, nariz tan fiera,  
que en la cara de Anás fuera delito.

Quevedo

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Publicado por en 8 marzo, 2012 en Recomendaciones

 

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